Setenta (70) kilómetros, Esa es la distancia que un estudio publicado en GeoHealth encontró para la dispersión del arsénico asociada a operaciones de cobre en Chile en el desierto de Atacama.
El mismo estudio estableció una huella de aproximadamente 50 kilómetros para cobre y molibdeno. Los investigadores analizaron sedimentos en un radio de 80 kilómetros y encontraron minerales asociados a la actividad minera mucho más allá de las áreas inmediatas de explotación, y esto NO es una proyección ni una hipótesis ambiental, es una EVIDENCIA CIENTÍFICA obtenida en un territorio minero real.
Si desde Mocoa a Puerto Asís existen 80 kilómetros de distancia, esa cifra de distancia científica de los 70 km adquiere una dimensión supremamente preocupante cuando se coloca sobre el mapa del Putumayo.
Si la Megaminería logra su cometido de extractivismo masivo en la explotación del cobre en Mocoa podría generar una dispersión atmosférica semejante a la documentada en Chile, un radio de 70 kilómetros penetraría profundamente en el territorio departamental y dejaría a Puerto Asís en una distancia que ya no puede ser descartada con el argumento de que está demasiado lejos. Esto muestra que el tema merece estar dentro de cualquier evaluación seria de dispersión regional.
Ahora bien, la advertencia adquiere mayor peso con la información más reciente del Servicio Geológico Colombiano sobre el depósito Mocoa. El SGC ha estudiado el potencial de drenaje ácido y la liberación de elementos asociados al depósito de cobre-molibdeno, su investigación muestra que las rocas pueden generar condiciones capaces de movilizar elementos potencialmente peligrosos cuando son expuestas y alteradas.
El propio SGC reconoce científicamente que elementos como arsénico, cadmio, plomo, mercurio y talio forman parte de los elementos de preocupante interés por sus posibles efectos adversos para la salud cuando existen determinadas condiciones de exposición. Chile, por supuesto no es Putumayo, pero Putumayo es Amazonía, y precisamente por eso nadie puede hacerse de oídos sordos a la magnitud de los hechos contaminantes por efectos de la actividad extractivista de una multinacional extranjera en el territorio.
Chile demuestra que la huella de una explotación de cobre puede superar ampliamente el perímetro inmediato que es Mocoa. La discusión ambiental de Mocoa tiene que salir, por tanto, del perímetro rural de las veredas Monclart y Pueblo viejo donde la multinacional quiere mantener el tema; una mina no termina donde termina el título minero, su verdadera área de influencia depende del polvo, los materiales movilizados, los residuos, las aguas, los sedimentos y las condiciones meteorológicas.
El cobre puede convertirse en una oportunidad económica para la Multinacional Minera y sus socios extranjeros, pero ninguna oportunidad económica justifica administrar la incertidumbre ambiental a ciegas para los Putumayenses. Putumayo no necesita discursos de despistados ni propaganda minera de supuestos lideres; Putumayo necesita tomarse en serio el tema de la exposición a la contaminación de la Amazonia que representan esos intereses económicos de la multinacional extranjera.
Los 70 kilómetros de Chile son una advertencia; el nuevo conocimiento del SGC sobre Mocoa convierte esa advertencia en un asunto supremamente preocupante en la Región.
Publicación de la Universidad de Chile:
https://uchile.cl/noticias/214658/revelan-exposicion-a-metales-toxicos-en-el-norte-debido-al-auge-minero