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Una publicación de medio regional manifiesta que los representantes del sector porcícola del Putumayo señalaron recientemente que se sacrifican alrededor de 145 cerdos diarios y que la producción habría caído cerca del 70 % en todo el territorio. Cifras que la nota no acompaña con la fuente escrita o metodología de dicho análisis, el período de comparación o el documento técnico que permita verificarlas.

El dato de los 145 animales si coincide, en términos aproximados, con la estimación que el INVIMA hizo para 2025, entidad que calculó una necesidad cercana a 143 porcinos diarios para atender la demanda en todo el departamento del Putumayo.

Por su parte, si hablamos de sacrificio reportado de manera formal, las cifras del Fondo Nacional de la Porcicultura, administrado por Porkcolombia, registran un volumen mucho menor de beneficio formal en el departamento. Esa entidad reportó solo 520 porcinos beneficiados (sacrificio) durante 2025, frente a 1.003 en 2024, es decir, un promedio de aproximadamente 1,4 animales diarios en 2025.

La diferencia es importante porque estas cifras no corresponden a una encuesta sobre cuántos cerdos se producen o se sacrifican en todo el territorio. El registro de Porkcolombia se construye a partir del registro del beneficio (sacrificio) formal, es decir, de los animales que ingresan al mercado sujeto al registro y recaudo de la Cuota de Fomento Porcícola. Recuerden que los agentes encargados del recaudo están obligados a reportar la información y a transferir los recursos al Fondo Nacional de la Porcicultura mediante el Sistema Nacional de Recaudo. Estos registros sirven, entre otros propósitos, para construir las estadísticas oficiales del sector sobre beneficio y la producción de carne porcina en cada región de Colombia.

Por tanto, los 520 animales registrados formalmente por Porkcolombia no pueden interpretarse automáticamente como el total de cerdos sacrificados en Putumayo, ese dato lo que muestra es el volumen del sacrificio que quedó debida y formalmente registrado ante la entidad y si comparamos ese dato con el entregado supuestamente por el gremio en el departamento de alrededor 145 cerdos diarios atribuidas al sacrificio pues la diferencia no cuadra y es bastante; o en su defecto, ambas cifras están midiendo fenómenos distintos, por lo que se requieren documentos técnicos que indiquen a que se debe la enorme diferencia, la cual requiere sea explicada por las autoridades y el gremio sobre procedencia de los animales, lugares de sacrificio, movilización y cantidad de animales sacrificados en establecimientos autorizados.

Porque la diferencia frente a la demanda estimada puede corresponder a carne beneficiada legalmente en otros departamentos, animales procesados fuera de los registros formales o una combinación de estas situaciones. Por eso es irresponsable utilizarse automáticamente estos datos para señalar como ilegales o clandestinas a las familias campesinas que producen, comercializan o realizan prácticas comunitarias de sacrificio.

Ahora bien, si vamos al tema de impuestos, tasas y contribuciones, esa diferencia también tiene una dimensión económica y parafiscal. La Cuota de Fomento Porcícola, fijada para 2025 en $15.184 por cabeza sacrificada, y se recauda a partir del beneficio registrado de forma legal y alimenta las estadísticas sectoriales administradas por Porkcolombia.

De otro lado y para tener en cuenta, el ICA registra para 2025 una población porcina superior a 52.000 animales en el Putumayo, mientras varias plantas de beneficio han dejado de operar o permanecen fuera de funcionamiento, eso evidencia que el departamento conserva una adecuada producción y demanda, pero perdió la capacidad para transformar sus propios animales dentro del territorio, afectando especialmente a la producción familiar y comunitaria.

Las cuentas, por tanto, no cuadran en el Putumayo y deben reconstruirse desde el productor hasta el consumidor, cuántos cerdos se producen, cuántos salen vivos, dónde son beneficiados, cuánta carne ingresa legalmente, qué plantas de Huila, Tolima u otras regiones abastecen el mercado y qué empresas foráneas están distribuyendo las canales (carne). También debe cruzarse esa información con el recaudo parafiscal y los tributos asociados al degüello.

Por tanto, la falta de registro no puede convertirse automáticamente en un señalamiento contra el productor o las familias campesinas del Putumayo que están produciendo y sosteniendo la demanda regional. Putumayo necesita trazabilidad, controles sanitarios y protección al consumidor, pero también mecanismos de formalización que reconozcan las condiciones de la economía campesina y permitan que la producción local permanezca en el mercado Putumayense, no foráneo.

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