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Hay un trabajo que sostiene buena parte de la vida cotidiana, pero que toda la vida ha permanecido prácticamente invisible para la economía; y es que cocinar, limpiar, cuidar niños, atender enfermos, acompañar adultos mayores y organizar el funcionamiento de los hogares aún no lo catalogan como un trabajo formal y remunerado.

La filósofa Silvia Federici ha dedicado buena parte de su obra a analizar esta realidad bajo el concepto de trabajo reproductivo. Su planteamiento sostiene que estas actividades son indispensables para reproducir la vida y crear las condiciones que permiten que exista el trabajo remunerado; su reflexión sobre el tema cuestiona que históricamente estas labores domésticas hayan recaído principalmente sobre las mujeres y hayan sido tratadas como unas obligaciones naturales del ámbito familiar por el simple hecho de género.

En los años setenta, Silvia Federici participó en el movimiento social “por un salario para el trabajo doméstico”. La propuesta buscaba, entre otras cosas, hacer visible ese trabajo y cuestionar una organización económica que se beneficiaba de actividades realizadas sin remuneración.

Pero más allá de compartir o no, todas las interpretaciones históricas de Federici, existe un hecho social que no podemos ignorar; el trabajo doméstico y de cuidados consume tiempo valioso para una persona, esfuerzo y capacidades, aunque no aparezca como empleo ni genere un salario en las amas de casa.

Lo preocupante es que la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral no eliminó esas responsabilidades y en la mayoría de los hogares produjo una doble carga y, en otros, trasladó determinadas tareas hacia trabajadoras domésticas, cuidadoras o familiares, creando además diferenciación en los ingresos y lo más grave la posición social.

El asunto está entonces, en que no consiste en ponerle precio a cada tarea doméstica en el hogar, sino en reconocer que el cuidado del hogar es necesario para que una sociedad y su economía funcione, y que su distribución por situación de género no puede seguir considerándose exclusivamente un asunto privado de las familias, sin que nadie intervenga socialmente el tema.

Reconocer el trabajo doméstico o el cuidado del hogar no significa perpetuarlo sobre las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; significa hacerlo visible, distribuirlo de manera más equilibrada y entender de una vez por todas que cuidar el hogar también hace parte fundamental de los pilares de la economía.

La frase de los setenta “sin nosotras nada se mueve” adquiere entonces un sentido distinto, lo que durante generaciones se hizo invisible para una sociedad machista también forma parte del trabajo que mantiene en funcionamiento la propia sociedad y su economía.

Fuente: Federici, Silvia (2019). Las luchas de la reproducción. Del “salario para el trabajo doméstico” a nuestros días. Conferencia, Madrid, 22 de marzo de 2019.

Silvia Federici (Parma, Italia, 24 de abril de 1942) influyente filósofa, historiadora y profesora italo-estadounidense

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