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Si despues de fumigar al Putumayo la coca vuelve, el fracaso no solo es de la politica antidrogas sino tambien del discurso presidencial. Por ahora sería irresponsable afirmar aún que el glufosinato “afecta la salud”, que contamina las fuentes hídricas o que destruye cultivos lícitos como hechos ya probados cuando el piloto que se pretende aplicar en Putumayo ni siquiera ha iniciado, pero la institucionalidad del departamento como co-rresponsable de la decisión del gobierno central ya debería haber revisado la ficha técnica, concentración, método de aplicación, evaluación de riesgo y las autorizaciones concretas de ese operativo netamente militar, porque jurídicamente los riesgos deben ser evaluados, analizados y controlados antes y durante la operación. Donde esta la institucionalidad Putumayense con la información oportuna y transparente, de por Dios..!!

En la historia del Putumayo ha habido un solo director de CORPOAMAZONIA que freno la fumigación aerea mientras exigía los resultados de los estudios y efectos de esa decisión. Cuanta falta hacen profesionales buenos al frente de esos importantes cargos. Por que ahora a los profesionales les ha dado por pensar que solo pueden figurar si son aduladores con todo lo que el centralismo les impone, desde cuando y en que semestre introdujeron esa materia de aduladores en las profesiones universitarias y mas aún en los manuales de funciones de los funcionarios putumayenses.

La fumigación del Putumayo no debe evaluarse solamente por el número de hectáreas de coca que se logre destruir en los días que dure el tan sonado plan piloto; la verdadera evaluación sobre esta decisión presidencial tendrá que hacerse después, cuando se pueda determinar si se consiguió el objetivo de erradicación sostenible de esos cultivos, afectó y desmantelo la economía del narcotráfico y desde luego y lo más importante si las alternativas económicas y sociales que acompañan esta decisión realmente impactan a las comunidades rurales de manera positiva en la búsqueda de su salida de la pobreza y la generación de alternativas de vida en el campo.

El sonado plan piloto de fumigación al Putumayo está previsto entre el 12 y el 17 de septiembre y ha señalado que utilizará glufosinato de amonio como herbicida.

El cambio de sustancia química con la que fumiguen a los putumayenses, sin embargo, no resuelve por sí solo el problema de fondo de un estado de pobreza calamitoso del departamento; cambiar el químico no va a convertir automáticamente una política fallida de fumigaciones de coca en una nueva política eficaz contra la pobreza.

Porque si los cultivos reaparecen, realmente estariamos frente a un nuevo fracaso de un nuevo gobierno y el país no habrá resuelto nada en este tema para esta frontera surcolombiana. Lo único que habría realizado sería una operación costosa, movilizado recursos públicos atendiendo el interes económico de contratistas multinacionales que venden el químico y generado nuevos costos ambientales y sociales para el Putumayo sin llevar soluciones al territorio.

Si los cultivos vuelven a aparecer sería un fracaso escandaloso que pondría en entredicho el discurso presidencial que presenta la aspersión como una herramienta decisiva para recuperar el control territorial y enfrentar el narcotráfico.

El Estado colombiano ya tiene suficiente experiencia para entender que destruir una planta no equivale a desmantelar la pobreza que soporta al cultivo de la coca.

La propia jurisprudencia constitucional obliga al estado a revisar el problema con mayor seriedad; en la Sentencia T-236 de 2017, la Corte cuestionó que el Gobierno no hubiera establecido la costo-efectividad de las diferentes alternativas para cumplir el objetivo de la política antidrogas. Ahora Abelardo tiene la obligación de demostrar que la herramienta utilizada es necesaria, proporcional, jurídicamente válida y eficaz para alcanzar el objetivo que persigue, pero precisamente tiene que demostrarlo; ante Colombia, ante el mundo y ante un Putumayo sin voz, sin representantes, sin lideres, y con una institucionalidad sumisa y aduladora.

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