NO VOTE EN PRIMERA VUELTA, LA PRIMERA VUELTA SOLO ES UN ESCENARIO POLÍTICO EMOCIONAL Y NO RACIONAL.
En Colombia la primera vuelta presidencial se convirtió hace tiempo en un escenario emocional y no racional. En la Primera Vuelta los ciudadanos no votan pensando en gobernabilidad, capacidad o estabilidad del país, sino basados en la rabia, el castigo, el fanatismo o la identidad ideológica. La Primera Vuelta es una elección donde triunfan los discursos incendiarios, los candidatos mesiánicos y las promesas imposibles.
La Segunda Vuelta, en cambio, obliga a los ciudadanos y al país a regresar a la realidad.
Y son los candidatos y sus partidos los responsables de esa distorsión. Algunos confunden aplausos en plazas y viralidad en redes sociales con respaldo nacional, hablan únicamente para sus seguidores, radicalizando su lenguaje y convirtiendo la política en una guerra moral entre “buenos y malos”.
El resultado de la Primera Vuelta es solo un país dividido entre fanáticos mientras los verdaderos problemas estructurales de Colombia aún ni se han tocado y siguen intactos.
Otro error que se vive en Primera Vuelta es que se cree que el carisma reemplaza la capacidad de gobernar. Colombia puede ver perfectamente en las elecciones a candidatos con enormes niveles de popularidad pero sin estructura territorial, sin equipos técnicos sólidos y sin capacidad de construir consensos, caso El Tigre o La Paloma.
Gobernar el país no es hacer campaña administrando las emociones colectivas; Gobernar es negociar, planificar y sostener instituciones bajo presión política y económica.
El llamado Centro Político en Colombia tampoco se escapa al fracaso. Sus candidatos creen que tener los diagnósticos técnicos correctos basta para conectar y convencer a la ciudadanía, pero terminan transmitiendo debilidad política y una ambigüedad de la realidad de País absoluta. Mientras tanto, en la Primera Vuelta la tal extrema izquierda y extrema derecha caen repetidamente en el mismo discurso mesianismo, milagroso, prometiendo salvaciones absolutas, absoluciones y en otros casos la pena de muerte, refundación de la nación o restauración moral nacional milagrosas imposibles en un país profundamente fragmentado y desigual.
Por eso NO VOTE EN PRIMERA VUELTA no vote de forma emocional.
En la Primera Vuelta el elector solo envía un mensaje de su estado de ánimo. Pero en segunda Vuelta termina votando estratégicamente dese su conciencia para evitar riesgos mayores en su entorno y el País. La Primera Vuelta mide fanatismo; la Segunda mide razonamiento.
Y mientras Colombia siga votando las primeras vueltas desde el miedo, el resentimiento o la idolatría política, seguirá atrapada en campañas con mucha bulla y gobiernos incapaces de construir una nación estable.